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Anna Gener: “El lideratge femení dona més bons resultats”

Anna Gener és una líder ferma, humana i sensible. "M'interessa nodrir-me i nodrir", confessa. Cultiva el seu món interior i les estones de soledat. Va aprendre a estudiar des del plaer i defensa la cultura accessible a tothom, que ens salva i ens fa persones millors. Especialista en el món immobiliari, sap molt bé que en funció del tipus d'organització de les ciutats en neixen determinades relacions humanes. I ara el que cal és tenir la capacitat d'atreure i retenir talent. En veu baixa ens diu que li agradaria gaudir molt més amb tot el que fa. Podcast publicat el dia  15/06/2022 a El Divan amb Sílvia Cóppulo, a Catalunya Ràdio....

Directivas: Dos síes y un no

Queridas directivas, tres consejos: sí a volver a la oficina, sí a negociar con firmeza y no a hacer papelitos. Vamos a los datos. Anualmente, una directiva cobra unos 11.000 € menos que un directivo ocupando el mismo puesto. En Catalunya, las mujeres de empresa cobran un 17,7% menos. La presencia de directivas ha caído, tal como analizamos en el Observatorio de Liderazgo en la Empresa, de la UPF BSM. Actualmente, solo un 14,3% de los puestos directivos están ocupados por mujeres, según datos de ICSA EADA. En épocas de crisis, todo el mundo está de acuerdo en que ellas lideran mejor. Pero, cuando se le vuelven a ver las orejas al lobo, ellos suben saltando los peldaños del poder y a ellas las deslizan hacia abajo por el 'glass cliff', el precipicio de cristal. Además, tras la pandemia, las directivas dudan equivocadamente entre presencialidad o teletrabajo, por aquello de la conciliación, perdiendo visibilidad y posibilidades de promoción. Y aún hoy, estando mejor preparadas, negocian con menos determinación sueldo y carrera profesional. Voy a lo de 'los papelitos'. Aunque los hombres digan que son un desastre para esas cosas, negaos (con una sonrisa) a prepararles su presentación en PPT, a supervisar al becario, a apaciguar a un cliente enojado, a comprar un regalo para un compañero que se jubila y, por favor, no levantéis la mano como voluntarias para montar la cena del departamento. Cuando un hombre dice no, se piensa que está muy ocupado; pero cuando lo dice una mujer, no gusta. Esas labores domésticas en la oficina -'office chores' y 'office mums'-, mezcla de faenas tediosas y labores emocionales, afectan a todas las mujeres, con independencia de la edad y del nivel de jerarquía. Así que hay que aprender a decir que se tiene trabajo pendiente, a sugerir que las tareas las haga otra persona o a pedir que se repartan entre varias. Os recomiendo que leáis 'El club del no', de las economistas estadounidenses L. Babcock, B. Peyser, L. Vesterlund y L. Weingart. Tras décadas investigando, sugieren fórmulas prácticas para avanzar hacia nuestro derecho a la igualdad. Article publicat a El Periódico el dia 14/06/2022....

Para las ratas no hay casilla en la web

La escritora y guionista Anna Manso, harta de llamar al Ayuntamiento de Barcelona y de personarse en el distrito de Gràcia, desde la ventana de su casa graba las ratas que campan, contentas, de noche y de día, en el solar de los bajos de su piso. Lo cuelga en twitter y pide ayuda a través de un chat de whatsapp, que esta periodista comparte. La única solución para intentar que el consistorio reaccione ante la proliferación de roedores es oír el relato en la radio, contarlo en los periódicos y grabarlos con las cámaras en un primer plano mientras cruzan el solar a plena luz. La historia se repite. El solar de la calle Jaén de Barcelona está okupado por varias familias (pobres), con niños. A su alrededor, encontramos una guardería y un centro escolar. El solar pertenecería a un fondo de inversión. Como la propiedad es privada, el Ayuntamiento se desentiende de lo que allí ocurre. El civismo y la salud llevan a nuestra escritora a llamar al 112 (Generalitat), al área de Sanidad del Ayuntamiento, a personarse en el Distrito (Pl. Lesseps) y a seguir todos los pasos, también a través de la web municipal, que le van indicando los funcionarios municipales. Le atienden muy amablemente, ella rellena formularios, redacta una “instancia” siguiendo sus instrucciones, pero la respuesta es siempre la misma: Si el solar es privado (y hay okupas), no actuamos. De todos modos, le vamos a dar hora para que dentro de tres semanas podamos hablar de ello con calma. Antes, le llamaremos por teléfono para ampliar la información.  Y es que, para las ratas no hay casilla en la web. Pero en realidad, el Ayuntamiento Sí que podría solucionarlo legalmente. Después de confirmar que el foco se encuentra ubicado en el solar (y no se trata, por ejemplo, de una salida de las cloacas), debe requerir al propietario que desratice, y, si éste no lo hace en el tiempo solicitado, tiene que instar a que intervenga el juez para que el consistorio legalmente pueda acceder a la zona y desratizar de una vez. No parece muy eficiente el proceso, pero ha pasado tiempo suficiente desde que nuestra escritora les avisara, enviara vídeos, fotos, etc. para que pueda actuar. Solo se trata de que el ayuntamiento asuma su responsabilidad ante la salud pública. Y en favor de las familias okupas que malviven entre suciedad y roedores, ¿el Ayuntamiento hace algo? Pues tampoco. Aquí el consistorio argumenta que...

¿Semana de 4 días? Se puede

"Ojalá pueda quedarme en esta empresa por muchos años. Aquí soy feliz y puedo desarrollar mi carrera". Sonríe el joven responsable de márketing de la consultoría de calidad y medio ambiente, Ingecal, dónde han implementado la semana laboral de cuatro días. Y nada de tener un grupo de Whatsapp de la empresa. Así nos aseguramos de que no haya comunicaciones fuera del horario de trabajo. Mañana será otro día. En Advantage Consultores, dedicados al 'headhunting' de personas directivas, desde hace más de un año y medio también trabajan cuatro días a la semana con el mismo salario. Cada mañana se reúnen y destinan media hora a intercambiar aspectos de su vida personal. Después vendrá lo profesional. La empresa es pequeña y se conocen todas. Estrechan vínculos emocionales y profundizan en la confianza y la corresponsabilidad. El grado de 'engagement' y el bienestar aumentan; la productividad crece. Es el 'win-win-win' (empresa-trabajadores-sociedad) al que se refiere Helena Guardans Cambó, de Webhelp, quien subraya lo positivo de atraer y, sobre todo, retener talento. Preside la compañía con casi 5.000 trabajadores, la mayor parte de fuera de España, dónde aplican el parentesco social: otorgan permisos establecidos por convenio a personas con las que los trabajadores no tienen una relación familiar, sino que son amistades o compañeros. En SOM Fundació Privada Catalana Tutelar, dedicados a defender la calidad de vida de las personas con discapacidad mental, también están universalizando medidas de teletrabajo y flexibilidad horaria. El Ayuntamiento de Barcelona y la Red de empresas NUST (Nuevos Usos Sociales del Tiempo) acaban de otorgar a estas cuatro organizaciones el 'Premio Barcelona a las empresas innovadoras en organización y usos del tiempo. Y es que, a raíz de la pandemia, el modelo híbrido de trabajo se ha generalizado. Ahora el reto reside en la manera de liderar, organizar el trabajo y gestionar el tiempo en beneficio de las empresas y las personas. No importa la medida, el sector o el tipo de organización. Si algunos lo hacen, es que se puede. Article publicat a El Periódico el dia 17/05/2022....

Barcelona: hay que ponerle el cascabel al gato

Hay que saber explotar el dividendo de la paz y de serenidad que emana de la Unión Europea. Europa se ha visto forzada a responder de una manera más integrada frente a la invasión rusa a Ucrania. Hay que aprovecharlo y establecer relaciones más fuertes con las ciudades continentales. Y es que la Unión Europea necesita optimismo para superar la crisis del Brexit, y ahora la de Ucrania, y Barcelona puede ser el foco de atracción para el conocimiento y la creatividad europea. Nuestra capital debería preguntarse de qué oportunidades dispone para reforzar a la Unión Europea actuando. Así de claro se manifiesta quien fuera alcalde de Barcelona, Joan Clos, actualmente presidente de Agora Urban Conversation en las Jornadas React, organizadas por Barcelona Activa en el Disseny Hub. Y a esta moderadora le parece que el anestesista Clos, como tantos otros conocedores y amantes de la ciudad, tiene prisa por despertar a una Barcelona, que continúa siendo la más maravillosa para vivir en ella --como la escogiera hace pocos días el diario británico The Telegraph, en su sección de viajes--, pero anda adormecida, temerosa y falta de proyectos ambiciosos. Las brechas verdes y digitales se manifiestan más duras en las ciudades. Ahí tenemos las de conectividad, que se han puesto de manifiesto durante la pandemia del Covid, completará Carme Colomina, investigadora principal del CIDOB, y Europa está actuando sin una estrategia bien definida. Moderar los ponentes del React para mí es una oportunidad y un lujo. Por eso hoy lo traigo a las páginas de Metrópoli. Pido a la mesa de debate que se comprometa y olvide corrección política y lugares comunes. En eso, Clos se agita: "Hay que actuar, hay que romper huevos para hacer una tortilla". Alguien tiene que ponerle el cascabel al gato. Clos ha levantado la voz mirando de frente y, de repente, en el auditorio, vuelve la ilusión: hay futuro. Alguien habla en positivo mirando hacia adelante, con visión. Se suelta el exalcalde: ¡a dónde vamos, situándonos en contra del Parque Eólico de l'Empordà! Es un lujo no querer tener molinos de viento en el mar. ¡Y qué pena de capacidad para desarrollar energías renovables tiene Cataluña, con la cifra más baja de toda España! También hay que hablar del aeropuerto del Prat y del puerto de Barcelona. La zona del Delta del Llobregat está antropomorfizada a tope. Pero ¿cómo continuamos discutiendo por la Ricarda? De lo que se trata es de estar a favor de la ampliación del aeropuerto. El...

Control interno, ministro

¿Se acuerdan de 'M. Rajoy'? La Audiencia Nacional, en la sentencia que condenó al PP por pagar un millón de euros en “b” a su extesorero Bárcenas, nunca supo aclarar quien estaba detrás del apunte M. Rajoy. Un jeroglífico difícil, sin duda. Ese es el país (España). Esa, su justicia y sus gobiernos; los de antes, los de ahora. Y es que estamos de enhorabuena: el ministro Félix Bolaños pondrá a los espías a espiar a los espías del CNI. Le llama “control interno”, un chiste. Y si llegado el caso fuera necesario, ofrece desclasificar ciertos documentos. Pero el caso no llegará. Total, ¿para qué? La verdad es tozuda, y se sabe que el programa Pegasus, con el que han espiado a más de 60 políticos, activistas y periodistas independentistas, fue adquirido por el CNI. Para espiar “al extranjero”, dicen. Pero de ahí a creer que el Gobierno estuviera detrás del espionaje de Catalunya, hay la misma distancia que entre M. Rajoy y Mariano Rajoy: una enormidad. ¿Y la tranquilidad espiritual que nos ofrece Bolaños, cuando suelta, que “estamos recuperando los afectos”, o que “comprende la preocupación e inquietud de los afectados”? Celebremos que esta vez el independentismo se haya puesto de acuerdo, al menos, para incidir en la irrupción del 'catalangate', diseñando una campaña de denuncia internacional, incluida la publicación en 'The New Yorker'. ERC incluso había insinuado al presidente del Gobierno que disponía de las pruebas del espionaje masivo. Pedro Sánchez requirió al CNI, y este respondió lo oficial: que en España solo se espía por orden judicial (cuando se ha espiado hasta a los abogados de los políticos independentistas juzgados por el Supremo). ¿La presión internacional hará mella en la meseta?¿El malestar de ERC repercutirá en su apoyo al PSOE, o se situará en el campo psicológico, al que el ministro es aficionado? Aunque, ahora que caigo, en el CNI espían mucho, pero un poquito mal. Pinchados los teléfonos desde antes del 1-O, no encontraron ni una urna. Control interno, ministro. Article publicat a El Periódico el dia 26/04/2022....

En nada, el quinto aniversario

Es deseable, honesto y hasta políticamente imprescindible que el independentismo catalán sea capaz de articular lo que denominamos un relato del 1-0 a las puertas de su quinto aniversario; pero no estoy nada segura de que tenga suficiente altura de miras para hacerlo. El 1-O de 2017 la población fue a votar un referéndum de independencia unilateral. Lo hizo convencida de que el gran apoyo ciudadano al derecho a decidir y la masiva participación en un acto democrático provocarían la negociación con el Gobierno de Mariano Rajoy. Votamos pensando que el éxito de la votación era la vía por donde se encaminaría el futuro. La población independentista ganó; los políticos independentistas perdieron. Ellos lo pagaron con la cárcel y el exilio. Todos, con la represión. Cinco años después vivimos en una autonomía diezmada por el ojo avizor del Estado. El catalán recula. Las simpatías por lo catalán, también. El error: no haber calculado que la esencia del imperio se sintetiza en el grito de “a por ellos”. Los textos legales que articulan el Estado acompañan a esas tres palabras, como las patatas fritas al bistec. Simplemente. Y ahora, visto lo vivido, hay que admitir que el 1‑O acabó siendo un acto de desobediencia pacífico y democrático, bien organizado y articulado –la policía española no descubrió ni una sola urna–, reprimido con una violencia vergonzante por el Gobierno del PP. Pero no ha dado lugar a ningún mandato democrático. ¿Instaurar la república catalana, dicen? En la llamada mesa de negociación no hay ni cubiertos, porque nadie cree que hoy por hoy se vaya a servir ningún plato político. El PSOE mira a la luna y sonríe. Esquerra tapa la desnudez política con el suntuoso traje del “como si”, y los ‘junteros’ ni siquiera están. Si los partidos independentistas fueran capaces de contar con palabras verdaderas los hechos acaecidos hace cinco años, sin confundir realidad con deseo, se abrirían, más grandes, las puertas del futuro. Sería un primer paso para una estrategia común. A Catalunya le conviene. A la independencia, también. Article publicat a El Periódico el dia 19/04/2022...

Por ampliar transporte público no me viene nada

"Por ampliar transporte público no me viene nada", me responde la trabajadora del 010. ¿Dónde lo ha leído u oído, pregunta profesionalmente? Como si de una maldición bíblica se tratara, las últimas obras en la plaza de las Glòries de Barcelona han durado siete años. Y ahora aún es más lento conducir por sus túneles, una vez abierta la circulación en los dos sentidos de la marcha. Los 43.000 vehículos que entran cada día en la ciudad ya lo hacen bajo tierra. Los tres carriles de la C-31 que se incorporan a Barcelona están regulados por semáforos. Uno es para el transporte público, el otro obliga a girar por Padilla, y el último continúa por Gran Via. Las indicaciones para salir de esta vía son tan complejas que no caben en esta columna. Se trata de eso, de hacerle la vida imposible al tráfico particular. Quién avisa no es traidor, han pensado en el Ayuntamiento de Barcelona. Y, consecuentemente, el gerente de Movilidad e Infraestructuras, Manuel Valdés, advierte de que, con la puesta en marcha del túnel de entrada, se provocará un incremento de las retenciones en hora punta los días laborables. Hasta que los conductores se habitúen, añade. Efectivamente, el lío para entrar en Barcelona por les Glòries ya es mucho mayor. En realidad, Valdés no quiere decir que dentro de unos días las retenciones vayan a menos, sino que ya nos habremos acostumbrado al nuevo caos circulatorio. Pero como no hay que perder nunca la confianza en las instituciones, esta periodista además de llamar al servicio de información ciudadana, se ha puesto en contacto también con el departamento de prensa, que canaliza las demandas de los medios, para conocer qué servicio de movilidad pública ha aumentado. Aún hay margen para que el transporte público se recupere y tenga más usuarios después del covid, responden. En síntesis, no es que se amplíe el transporte público; es que el hacha de guerra a lo privado continúa en lo alto. Total plaza de las Glòries, 200 millones. Article publicat a El Periódico el dia 05/04/2022. ...

Collboni: “Yo seré el candidato”

“Yo seré el candidato y estoy convencido de que no habrá primarias”, me responde Jaume Collboni, primer teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona, cuando le pregunto si tiene asegurada la candidatura por el PSC en Barcelona. Matiza acto seguido: “Y si alguien quiere presentarse en mi contra, pues deberá utilizar precisamente ese mecanismo: las primarias. Pero creo que no habrá más candidatos”. Con un 30% de la población barcelonesa que no le conoce, según el último Barómetro Municipal, Jaume Collboni ha salido del despacho, pisa más las calles, da conferencias y se deja ver por los medios de comunicación. Al fin, no es que se juegue la alcaldía, que tanto dice ilusionarle, es que ahora mismo ya está en juego su candidatura. El PSC amenazó con un sondeo antes de las vacaciones de verano para encontrar al mejor candidato. Miquel Iceta o la flagrante delegada del Gobierno, María Eugenia Gay, son nombres que han sonado con fuerza. Que Salvador Illa, en la reciente convención del PSC aclamara “Hay Collboni para rato”, y que Jordi Hereu sea el jefe del comité asesor de su candidatura a la alcaldía, señala que el candidato socialista puede continuar siendo Jaume Collboni, pero a la vez, que la candidatura necesita mejorar. ¿Quién fue el teniente de alcalde de Pasqual Maragall? ¿O de Joan Clos o de Xavier Trias? Ser el segundo en el gobierno municipal no facilita ser visualizado, si no se trata de un objetivo claro y contundente desde el minuto uno. “Somos exigentes y leales con el gobierno de los comunes”, añade Collboni. Difícil contemporización, que hoy por hoy no ha facilitado que la población tenga claro qué es responsabilidad de unos y de otros. “Se trata de un gobierno de coalición muy equilibrado: 55%-45%, y a la ciudad no le conviene el ruido de batallas políticas o salidas de tono, como las que se viven en el gobierno de España de manera continuada entre el PSOE y los podemitas”, puntualiza el teniente de alcaldía para justificar que no quieran salir del gobierno municipal y marcar perfil propio deliberadamente. Les separan, por ejemplo, la posición respecto a las superillas. Collboni dijo sí a la ampliación del aeropuerto del Prat para facilitar la recuperación económica de Barcelona o al Museu Hermitage (antes de la invasión rusa a Ucrania) frente al no de Colau, También está a favor de que vengan a la capital catalana grandes festivales. El Primavera Sound estuvo en entredicho, y al final se ubicará (por ahora) una semana...

Rufián a quemarropa

Sal gruesa. Bien dirigida. Atinada en forma y fondo. Sabe bien qué dice y cómo. Ese es su papel en Esquerra. El rol que él mismo se ha forjado y le ha llevado a ser el número uno en Madrid. Rufián actúa como un charnego 'indepe' de barrio, que las suelta con desvergüenza. De ahí, su tirón electoral. Ha ganados dos elecciones, y las encuestas le juegan a favor. Con él se identifican votantes que, de otra manera, se escaparían hacia el ala roja del hemiciclo. Claro que, ese soltarlas sin contemplaciones, con posado chulesco, está dirigido esencialmente a sus socios de Govern, Junts, donde el de Esquerra quiere potenciar el marco mental de que anida la llamada gente de orden, a la que hay que enviar dardos hoy sí y mañana también. Se trata de comerles el terreno y desgastarlos, con estruendos circenses y luces de colores. Por algo él encarna la supuesta superioridad moral del pueblo llano. No es irrelevante que, para disimular los errores de un 'conseller' de Educació (ERC), que ha vivido una mala semana, superado por días de huelga y movilizaciones de los maestros, Rufián acordara con su partido que, en plena invasión de Rusia a Ucrania, no desaprovecharía el contexto para soltar aquello de “…son señoritos, que se paseaban por Europa, reuniéndose con la gente equivocada, porque así se creían que eran James Bond”, a propósito de los contactos que personas próximas a Carles Puigdemont han tenido con supuestas autoridades rusas para conseguir su espaldarazo. Nunca está de más tirar a matar a Junts para ir alimentando un caldo de cultivo de desmoronamiento del actual Govern independentista y construir la alternativa tripartita de izquierdas. Y al final está lo suyo. Que en Esquerra le quieren ver en las municipales de Santa Coloma de Gramenet para arañar votos y quien sabe si la alcaldía a los socialistas. No le entusiasma la idea, pero se deja querer a condición de no perder su escaño y su portavocía en el Congreso de los Diputados, que ahí vive el poder. Rufián tiene instinto político y no se equivoca. Junts pica el anzuelo rasgándose las vestiduras y encumbrando la necedad. Article publicat a El Periódico el dia 22/03/2022 ...